Ya es célebre la anécdota según la cual Bajtin, atizado por el frío glacial de las prisiones moscovitas, se fumó, literalmente, algunos de sus manuscritos. No nos detendremos entonces en ella, la anécdota, suponiendo que usted, lector, la mangia lunga. Queremos, sin embargo, traerle una buena noticia relacionada con la misma. Hemos pasado los últimos tres años desfumando, si cabe, aquellos manuscritos de puño y letra de Mijail (porque los malísimos regentes del gulag no quisieron facilitarle una remington aunque ésta estuviera destartalada y le faltara la campanita que, simpática y vivaz, habría avisado el final del recorrido del carro), desfumamos, dijimos, al menos sus últimos dos rubios sin filtro y tradujimos, atento lector, un texto de unas quince páginas de caligrafía cirílica exquisita y ortografía repulsiva llamado “Apropiaciones, intertextualidad, plagio y sus categorías”. En resumidas cuentas les presentamos a continuación las mentadas categorías que Bajtín consideró en sus días de productivo encierro:
Intratextualidad: se da cuando un texto es un claro plagio de otro texto, que, a su vez, es plagio de este primer texto que lo plagia. Como ejemplo de intratextualidad (también llamado plagio recursivo): un autor descubre determinado texto A y lo plagia descaradamente, produciendo un texto B. Otro autor lee el texto B y, embelesado por el mismo, decide sin más plagiarlo; sin embargo, este segundo autor, al no querer ser acusado de plagio consigue una máquina del tiempo y viaja al pasado donde escribe y edita el texto A, que, como se vió, en un futuro cercano será el origen mismo del texto B, el cual, en realidad, fue a su vez su propio principio. Este arduo concepto fue introducido por Voloshinov, muy influenciado por sus experiencias personales con el ácido lisérgico y los primeros relatos de Philip K. Dick. Cabe destacar que Voloshinov muere en 1936, mientras Dick empezaba su escuela primaria y dos años antes de que el LSD se sintetizara por primera vez en un laboratorio.
Extratextualidad: se sabe, las palabras son siempre de otros, sin embargo hay otros y otros y los otros son todos iguales pero hay algunos otros más iguales que otros otros. La pregunta para la extratextualidad es: ¿qué pasa cuando la obra es dictada en una lengua inaudita por una entidad extraterrestre, ya sea mediante contacto directo o telepatía? O incluso más: ¿y si es el mismo espíritu santo quien dicta allí las fulgurantes palabras, aprovechando el trance o la mediumnidad y siendo quien copia un mero pararrayos del verbo divino en un idioma de ángeles que desconoce? El verdadero tema en la extratextualidad es el plagio en lenguas no humanas, ya sean extraterrenas, intraterrenas o celestiales. El plagiario queda sin comprender el objeto ni el fruto de su plagio, y, así y todo, plagia, y plagia, quizás, porque lo lleva en la sangre, escrito en su ADN (ADN que, por cierto, es también plagio y síntesis de la cadena de ácido desoxirribonucleico de sus progenitores). Busque en el Google, intrigado lector, la expresión “hablar en lenguas” (o no lo haga si acaso no es tan ignaro como para desconocerla) y luego medite en ella.
Prototextualidad: son los casos de plagios aún no descubiertos. Una especie de institución fantasmagórica en sí misma, cuya sombra de sospecha se cierne sobre toda la literatua occidental, menos, y recalcamos, menos, en los casos donde el plagio ya ha sido probado. Ahí ya directamente puede hablarse de intertextualidad.
Homotextualidad: Bajtín, que era un homofóbico recalcitrante consideraba el plagio como un acto de caballeros y la apropiación como un derecho de machos sudorosos. Por ende, todo entredicho que suscitara la defensa de los derechos de autor no puede ser considerado más que como un lloriqueo de señoritas pacatas u homosexuales chillones. De allí que, para Mijail, la literatura carente de plagio no puede ser sino una reverenda mariconada.
GTH
El Autor: Grupo de Tareas para el Hogar. Patrocinado por el MIT (Montecarlo Institute of Technology), por su labor fundamental en la desfumación de manuscritos. Actualmente, el grupo se encuentra trabajando en las colillas del Autólico, de Eurípides.

3 Comments
Alto nivel crítico. Inmediatamente ejerzo la chafatextualidad y lo publico como addenda mía al ensayo sobre Bajtín. Ahora, tengo algunas dudas: ¿cuáles son los límites de la extratextualidad? ¿Una incursión de voz marciana es menos extratextual que una que proviene de la nebulosa de Andrómeda, o es completamente ingenuo medirla por distancia en años luz? Y si el texto está escrito en colaboración con el espíritu de un tatarabuelo que me dicta por la tabla Huija, ¿estamos ante la extratextualidad o un simple intertexto con la novela familiar? Aclárenme,por favor, así lo publico en la addenda con mi firma, no más de 12.000 caracteres que el editor dice que si hay más páginas no le vende el libro a nadie.
Los límites de la Extratextualidad, estimada Elsa, según nos informa el GTH en un reciente SPAM teórico, «están atados a los límites del conocimiento astronómico históricamente comprendido».
Ahora bien, sobre el tema de la Intertextualidad con la Novela Familiar, te sugiero remitirte al recientemente editado libro «Mamá y papá son famosos» (Sergio Linklater, comp.): un conjunto de ensayos y entradas de diarios personales sobre lo que le pasó a cierto grupo de artistas ítalo-norteamericanos al seguir de cerca los pasos de sus progenitores.
A friend without faults will never be found
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