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Resurrección del aforismo argentino desaparecido

En los dos años que pasaron desde la publicación de «The softest copy» (titánico ensayo de 816 páginas escrito por M. Coumba, catedrático senegalés de la Aardvark Univesity Press) poco o nada se ha hecho, aquí, por reflotar la memoria de Eugenio Sanpietri. Hasta hoy. La reciente edición de las «Obras Completas» de Sanpietri por el sello editorial ¡Sí, ésta! vino a llenar ese vacío casi constitutivo de nuestra literatura nacional.
El delgado volumen (cuenta apenas con 26 páginas) reúne todos los aforismos atribuidos al controvertido pensador del barrio de Saavedra. Flaco el libro, dijimos, pero no por eso menos suculento, la obra de Sanpietri tiene una razón a la que debe su escasez: su autor fue secuestrado por un grupo de tareas en marzo de 1977, cuando tenía 21 años.
Desaparecido su cuerpo por la dictadura, y desaparecida su obra, luego, por las políticas de la memoria y el olvido de la democracia, Sanpietri sigue siendo aún hoy un desconocido. Sus filosos aforismos se incrustan en nuestro sistema de pensamiento para hacerlo explotar como una piñata de la que nada sale. Aquí una muestra: “Aunque el escritor sea el libertario más recalcitrante, en el momento de escribir (ya sea para sostener la lapicera o castigar la máquina) tendrá que poner la mano dura”. Y otro, que le da título al ensayo citado más arriba: “Dictadura y copia blanda son dos caras de una misma moneda”.
El libro comienza con una introducción anónima. En el curioso prólogo se esboza una completa teoría del pensamiento universal para rematar proyectándola a nuestra historia reciente. Según el introito, el aforismo es la única forma en la que puede manifestarse el pensamiento, su canal ideal. Cualquier otro intento de fijar por escrito aquel escurridizo objeto de la filosofía será vano. No es fortuito, según el autor, que el último gobierno militar haya sido selectivo a la hora de acribillar a por lo menos 800 jóvenes dedicados a la producción aforística, imponiendo mediante la estúpida violencia del mercado a José Narosky como el indiscutido jerarca local del género, lugar que, por ahora y lamentablemente, nadie se atrevió a discutir ni reclamar.

2 Comments

  1. Emerson P.Fittipaldi wrote:

    Un gran aforista injustamente olvidado: mi padre.
    También murió en la dictadura. Se tropezó con la baranda del Bus de la Carrera y cayó al Río de la Plata. Era el año 1979.
    Les dejo una creación suya: «Hay quienes dicen que el amor es una trampa. Yo digo que son dos.»

    Nunca pude entenderlo, y me tortura ser menos que mi padre. Si alguien me lo puede explicar, se lo agradeceré.

    Miércoles, Junio 27, 2007 at 3:14 am | Permalink
  2. Yeannoteguy wrote:

    ¿Quizás el aforrismo se podría completar con un lapidario “una por cada amante”?

    Jueves, Octubre 9, 2008 at 2:27 am | Permalink

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