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VIDAS de SANTOS II: Santa Myrna

Renata Lipcovich nace una mañana de junio de 1952 en San Martín, provincia de La Pampa, y muere en medio de enormes martirios hace apenas tres años en el departamento de Bolívar, al norte de Colombia.
Es rápidamente canonizada por Ratzinger, en una de sus primeras decisiones al comienzo de su reinado, en abril de 2005. Aparentemente, Renata estaba en una “Lista Blanca” del actual pontífice desde hacía ya diez años.

Muchos hagiógrafos coinciden en afirmar que Santa Myrna es una figura única dentro del santoral occidental. “Es la primera santa posmoderna“, afirma el filólogo express Wan Forol en su libro «Santos y señas del milenio». ¿Cuál es el fundamento de esta sentencia? La característica particularísima de Renata Lipcovich, según Forol, es que construye su biografía, su vida, su mito, a partir de una imitación concienzuda de la vida de otra santa: Edith Stein, más conocida como Santa Benedicta.
“Con la velocidad del mundo de hoy, no hay tiempo para andar creando nada nuevo, más vale apostar a lo seguro”, murmura el día en que se convierte al catolicismo y abandona sus estudios de filosofía, a la manera de la mencionada Edith -ex-discípula de Husserl a principios del siglo xx y canonizada por Juan Pablo II en 1998-.

Además de convertirse al catolicismo, como Santa Benedicta, haciéndose carmelita descalza, Renata busca también el camino del martirio, lo más parecido posible al vivido por su Guía Original.
En primer lugar, lleva, como aquella, un diario personal donde el 97% de lo escrito resulta una copia minuciosa de las atrocidades que Benedicta escribe entre los años 1922 y 1942.
En él se puede leer la transcripción literal (aunque traducida del alemán) de un pasaje revelador que configura el objetivo de gloria de ambas vidas:
«Yo sólo deseo que la muerte me encuentre en un lugar apartado, lejos de todo trato con los hombres, sin hermanos de hábito a quienes dirigir; sin alegrías que me consuelen, y atormentada de toda clase de penas y dolores. He querido que Dios me pruebe como a sierva, después de que Él ha probado en el trabajo la tenacidad de mi carácter; he querido que me visite en la enfermedad, como me ha tentado en la salud y la fuerza; he querido que me tentase en el oprobio, como lo ha hecho con el buen nombre que he tenido ante mis enemigos. Dígnate, Señor, coronar con el martirio la cabeza de tu indigna sierva.»

Así, mientras el 2 de agosto de 1942, miembros de la SS se presentan en el convento de las Carmelitas de Köln para llevar a la Hermana Teresa Benedicta de la Cruz y a su hermana Rosa al campo de concentración de Auschwitz, y Benedicta-Edith toma tranquilamente a su hermana de la mano diciéndole: “¡Ven, hagámoslo por nuestro pueblo!”; en 1979, Renata Lipcovich se embarca en La Contraofensiva Montonera junto a su prima Judith arengándola a hacerlo precisamente también por su pueblo (en este caso, un pueblo diferente al de Edith, pero pueblo al fin).

Edith Stein muere en Auschwitz, feliz -o por lo menos en paz consigo misma-, habiendo cumplido su sueño más anhelado: que el Señor se dignara a “coronar con el martirio la cabeza de su indigna sierva”. Por su parte, si bien Renata no muere en La Contraofensiva, la búsqueda de un martirio digno será una constante en su vida: luego de embarcarse en diversos ataques a barcos balleneros japoneses durante la década del 80, sin poder morir ahogada, decide regresar a tierra para encontrar su destino. Así es como se interna en la selva colombiana para predicar entre la guerrilla y los paramilitares, hasta enero de 2004, cuando se lanza deliberadamente -con los brazos abiertos en cruz- hacia un fuego cruzado. El objetivo: que su nombre trasmute a símbolo de paz en Colombia. Esto último no ocurrió, ya que entre la gente de la región, Santa Myrna dice poco y Renata Lipcovich evidentemente mucho menos.
Quizás la canonización de Ratzinger sea un ayudamemoria para los colombianos, que tan pronto como la enterraron la olvidaron -tan ocupados en la exhumación de parientes estaban que no pudieron percatarse de la presencia de una verdadera Santa entre ellos.

Pero quienes no la olvidan son los integrantes de la pequeña Congregación Santa Myrna: un grupo de 2.133 judíos conversos de Balvanera. Esta congregación acostumbra regalar, además de biblias, un pequeño opúsculo escrito por la propia Renata titulado Cómo convertirse. En este libro, la santa se explica a sí misma con una reflexión que es un calco textual de las palabras de aquella santa católica de origen hebreo: «Yo reconozco que mi inserción en el Cuerpo Místico de Cristo como católica, lejos de robarme mi identidad como judía, más bien le da cumplimiento y un sentido más profundo. Al ser católica me siento mas judía; encuentro en Jesucristo el sentido de toda mi fe y mi vida como judía. Este doble aspecto, crea en mí un corazón auténticamente reconciliador entre las dos religiones».
Aunque algunos teólogos y muchos corresponsales en Medio Oriente afirman no sorprenderse demasiado con estas declaraciones, el libro es un modesto éxito de ventas en el Once y tiene visos de longseller.

En cuanto al relativo aspecto “posmoderno” de la santa, algunas palabras más: hace apenas dos meses, el crítico literario John Pearl Battaglia, publicó un ensayo de circulación reservada donde plantea una hipótesis truculenta: la propia biografía de Edith Stein habría sido una vulgar imitación de la vida de otra santa, Santa Teresa de Jesús, la cual, a su vez, no sería más que la imitación de un enjambre de vidas de santas medievales.
El dato: Santa Teresa de Jesús, buscadora de suplicios, antes de optar por la vida religiosa, era una ferviente lectora de novelas de caballería (”y no podía pasar un momento sin tener una en mis manos”, según ella misma confiesa en sus diarios). Cuenta la historia que se interesaba mucho por estos relatos, las modas y demás frivolidades hasta que comprendió que el camino estaba errado y, en el brevísimo lapso de un mes, engullió miles de vidas de santos, entre ellas, la de Santa Bárbara, ni más ni menos que una judía conversa del siglo X.

7 Comments

  1. Emerson P.Fittipaldi wrote:

    ¿Santa Myrna sería la Patrona de la Intertextualidad?

    Viernes, Julio 20, 2007 at 12:16 pm | Permalink
  2. Dulio Roberto Justo wrote:

    En una muy bonita película de la renombrada Sigourney Weaver, se narran las aventuras de un imitador de asesinos seriales o “copy cat”. Este personaje tan colorido, se proponía copiar crímenes realizados por asesinos seriales famosos. A esta altura de nuestro relato, podríamos decir que la Santa Myrna fue una asesina serial que encontró en las vidas de santos su redención. ¿No les parece, amigos?

    Lunes, Julio 23, 2007 at 10:50 am | Permalink
  3. Yeannoteguy wrote:

    No, no nos parece.

    ¿Cuál es la lógica de ese argumento absurdo?

    Lunes, Julio 23, 2007 at 4:07 pm | Permalink
  4. andrea wrote:

    siento una gran admiracion por estas personas que le dedican toda su vida a Dios ojala muchos de nosotros pensaramos hacer algo mas productuvo con nestras vidasd. ojala muchas personas ignorantes como los 3 que dejaron esos comentarios tan absurdos trataran de agradadar mas a Dios cultivando cosas buenas en sus vidas y no terminar de corromper esta sociedad que necesita ejemplo de personas como la santa Myrna.

    Jueves, Abril 3, 2008 at 7:07 pm | Permalink
  5. Pires dos Barros wrote:

    ah???

    Estoy cultivando menta y tomates cherry en un par de macetas, pero no creo que alcancen para terminar de corromper esta sociedad que necesita.

    Viernes, Abril 4, 2008 at 5:15 pm | Permalink
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