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Nuevos hallazgos investigativos o De la literatura gentilicia

Ocupado en los temas que usualmente me ocupan, como lo es la pesquisa del esencialismo en la literatura y en todos los órdenes de la vida, he avanzado en ciertas líneas de investigación que es urgente dar a conocer a la comunidad lectora y a NQSTB.

A lo largo del siglo xx y también durante esta última década, hemos tenido noticias de un tráfico demasiado fluido entre Buenos Aires y Montevideo; ante tal mezcolanza, era necesario acometer a la tarea clasificatoria de la literatura de ambas márgenes del Río de la Plata, buceando primeramente en los principios de la nacionalidad porteña y montevideana.
Por razones de extensión, me aboqué en primer lugar a lo más fácilmente abarcable, a saber, Uruguay. Dado que las invasiones inglesas a la ciudad de Buenos Aires derivaron en la creación de la nación uruguaya, determiné que el carácter nacional uruguayo es esencialmente inglés.

La conclusión obligada de este postulado me sorprendió fuertemente, porque tuve que admitir entonces la necesaria nacionalidad uruguaya de Borges. Hay que señalar al respecto la obsesión del joven Borges por hacer conocer la gauchesca uruguaya (Hilario Ascasubi, Pedro Leandro Ipuche, etc.), y su odio por lo francés, correlativo de su anglofilia(1). No quedaron dudas: había llegado a un primer principio esclarecedor. Determiné así que la característica esencial de la nacionalidad argentina sería la francofilia. Por qué, si no, el escudo argentino llevaría gorro frigio.

Un mero pantallazo al ambiente literario argentino permitió corroborar esta hipótesis, mediante el reconocimiento de una serie de escritores realmente autóctonos por su carácter francés: Victoria Ocampo(2), como precursora autoproclamada por motu propio y a ultranza; Julio Cortázar, doblemente argentino por razones de pronunciación y de domicilio prolongado; el mismo Juan José Saer; y Manuel Puig, porque aunque le gustara el cine hollywoodense, en su caso lo determinante sería el desbordamiento pasional de tanta llorona en sus novelas. En cambio, Walsh sería uruguayo por irlandés y por el policial inglés. Y Fogwill, también, aunque haya pretendido camuflarse escribiendo sobre la guerra de Malvinas. Denominé a esta clase de escritor argentino-uruguayo con ascendente inglés, escritor uruguayo encubierto.
Como era de esperarse, no tardé en descubrir la existencia de su contrapartida: el escritor argentino encubierto. Juana de Ibarbourou, con su seudónimo francófilo y la melaza apasionada de sus versos, sería el mayor exponente de esta raza.

Pero seguí adelante en mi investigación y descubrí que las letras montevideanas tenían un caso particular para ofrecer: el escritor argentino encubierto disidente de su uruguayidad. Es decir, Lautréamont. Su propio seudónimo francés lo desenmascara: literalmente “el otro monte”, resulta también traducible como “el otro mundo”(3). El encuentro con el caso Lautréamont inaugura mis reflexiones sobre una serie de escritores (como los hermanos Jules Laforgue y Jules Supervielle) falsamente montevideanos que se mudan a Francia para preparar lo que más tarde reconoció como la Internacional Argentina el escritor Copi, también él falso uruguayo.

Me encontraba entonces yo en esta tarea clasificatoria y alfabética, cuando llegué a la Q y me topé con un problema: qué hacer con Quiroga.
Quiroga, Horacio nació en Uruguay, estudió a Poe, se mudó a la Argentina. Hasta ahí, netamente montevideano. Pero he aquí que al hombre se le da por irse a vivir entre bichos en medio de la selva, se deja crecer la barba piojosa y encima, ¡se suicida! Sin nada de paños fríos ni frigideces, queda definitivamente lejos del understatement borgeano. Pero tampoco se me hacía francés, el hombre, por poco civilizado. Y para peor, la mayor parte de las historias de la literatura argentina lo hermanan con otros suicidas argentinísimos: Storni y Lugones(4). ¡¿Dónde lo pongo?!
Descubrí entonces las virtudes metodológicas del sincretismo. Revisé meticulosamente toda mi clasificación previa, y reconocí rasgos de porteñismo en Montevideo, montevidencia en Buenos Aires, uruguayismo argentino, argentinidad uruguaya, y todo esto me llevó un paso más adelante en mi investigación: descubrí el rioplatismo literario(5), corriente donde confluyen las características francófilas y anglófilas presentes en ambas urbes costeras (con sus desbordes y sus muros de contención, sus crecientes y sus pirañas, etc), y cuyo principal practicante habría sido Fedor Dostoievsky.

Este hallazgo tendrá un impacto sin igual en la historia del conocimiento humano. Queda así inaugurado un nuevo campo de la investigación crítico-literaria: la literatura gentilicia, entendida como el proceso de revisión de nacionalidades literarias(6).
Harán falta generaciones de críticos literarios formados con pasión por el debido discernimiento para poder finalmente reconocer que Laiseca es chino; Vargas Llosa, noruego; Conrad fue portugués; Brecht, ruso; Beckett, suizo; Goethe, italiano; Shakespeare, griego; Alighieri, español; Faulkner, sudafricano; Kafka, egipcio; Rubén Darío, irakí; y Flaubert, paraguayo.

John Pearl Battaglia

El Autor: Milwakee, Estados Unidos, 1874. Pionero, adelantado, buscador de Pepitas, poeta. Publicó: «Sand y arena» (1825, novela), «Mi pájaro canta hasta morir» (1980, ensayo), «Calza justo» (1916, poesía erótica), etc. Se encuentra preparando «Estudio del argentinismo: algunas manifestaciones búlgaras».

NOTAS
(1) Cf. Saer, Juan José: “Borges francófobo”, en El concepto de ficción.
(2) Su hermana Silvina casi podría ser tildada de inglesa (esto es, uruguaya) dada la tendencia a contener sus sentimientos y pasársela todo el tiempo a punto de decir algo. Y sobre todo por su matrimonio con Bioy Casares.
(3) Si Montevideo (vide o monte) es un monte, Buenos Aires es “el otro” monte.
(4) Si bien no se lo considera propiamente escritor, problemas similares presentó la clasificación de Carlos Gardel. En principio lo consideré un encubierto descubierto, pero la habilidad para sembrar en su obra abundantes referencias tanto a Francia como a Nueva York, lo señalan como un caso de hibridismo irrecuperable; se llevó a la tumba el secreto de su lealtad cultural. Algunos estudiosos lo consideran argentino basados en la hipótesis de su suicidio aéreo, rasgo identitario que suponen deriva de la influencia magnética del Río de la Plata.
(5) O rioplantismo, o rioplatonismo, o rioplatanismo, según las fuentes que se consideren.
(6) No confundir con “literatura gentil”, conocida en el Río de la Plata como macanudismo (cf. Juan Perlo Battaglia, NQSTB #23). No es lo mismo.

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